Lucrecia Martel / Un ave rara del siglo XXI

T/ Agustina Fernandez F/ Eugenio Fernández Abril y Valeria Fiorini / Gentileza de Rei cine


Si uno mira sus cuatro películas, sin saber demasiado de cine ni de nada, puede reconocer algunas constantes: mujeres que fuman, niños con armas, niños muertos, niños por todas partes; varias personas reunidas en una cama, patrones que se creen dueños de sus empleados, la vida de pueblo, alguien que cuenta un cuento o una leyenda urbana, parientes que se desean, la sensación permanente de que algo trágico va a pasar.
Después, uno comprende que detrás -o dentro de todo- está ella. Que su cine, es ella. Claro, su cosmovisión. Lucrecia Martel dice en la entrevista que sigue que "para bien y para mal" se parece a todos sus personajes, que tuvo "una infancia en armas" (se levantaba con un revólver en la cintura, escondido); que para que una historia o guión le parezca potente, viable o filmable tiene que incomodarla, darle miedo ("Aunque sea una historia de amor"). Además es nacida en Salta, en una familia con tendencia a contar cuentos y muy numerosa, que estaba siempre junta en la cocina o en el dormitorio.
Su cine está cargado de sutilezas, Martel le da mucho al espectador, es cierto. Pero también le pide. Ver una de sus películas implica sentir esa incomodidad de la que ella habla, una tensión que resulta muy cinematográfica pero que a veces agota. Sus largometrajes son la antítesis de las feel good movies, aunque suelen tener su instante de felicidad: cuando todos bailan y ríen alrededor de la cama, dos amigas que nadan sincronizadas en una pileta…
Esta guionista, productora y directora de cine argentina nació el 14 de diciembre de 1966 en Salta. O sea que tiene 52 años. Desarrolló una carrera muy valiosa que proyectó el cine nacional en los mejores festivales del mundo, que le mereció nominaciones de la talla del Óscar o el Goya, otros tantos premios y que la convirtió en vocera -tal vez a pesar suyo- de cuestiones de género, además de cine claro. Dirigió cuatro películas: La Ciénaga (2000), La Niña Santa (2004), La Mujer sin Cabeza (2008) y Zama (2017, que fue candidata para el Óscar y nominada al Goya). Más algunos documentales y cortos, como por ejemplo Besos rojos (1991), Rey Muerto (1995), D.N.I. (1995) Nueva Argirópolis (2010) o Muta (2011). Y el genial Magazine for fai, un programa para niños.
"Nunca levanta la voz, pero cuando habla todos la escuchan", notó Selva Almada cuando fue contratada para hacer la crónica del rodaje de Zama. Y eso pasa con Martel: no hace muchas películas, pero cuando se sabe que está rodando, la prensa está atenta y los actores quieren participar. Ella y su afán de modestia, intentarán deshacernos -en la entrevista que sigue- de la idea de su grandeza, pero nadie puede esconder sus premios en la era de la información, ni los aplausos o tantos elogios, justo en el apogeo de las redes sociales. Aunque, por otro lado, es cierto que "parece una exploradora del siglo de XIX. O un ave rara del siglo XXI", como también escribió Almada.
Desde hace un tiempo la buscamos para la tapa de Gata Flora, Lucrecia Martel está en las primeras listas de personajes de esta revista. Porque nos encanta su cine, su discurso, sus anteojos, pero lo que más nos llama la atención de ella es su falta de pretensión, y esa búsqueda estética de lo real, de lo verosímil, de lo genuino, de lo humano; su frecuente retorno a la infancia y a sus personajes fundantes; Martel encarna eso -que dijo ¿Tolstoi?- de pintar tu aldea para ser universal. No importa si se trata de la historia de una dentista de clase acomodada que tras un hecho dramático queda en shock, o de un funcionario americano de la corona española que espera una carta del Rey, el espectador podrá encontrarse y adherirse a la humanidad de ambos. Porque esa aldea que le muestra Martel le será conocida. Aquí abajo lo dice claro, incluso lo repite, que su tema es "la intemperie en la que estamos, y lo ingeniosos que somos para no verla".
 

(SIGUE EN LA REVISTA)
 

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Rosa bombón (Cuento de Agustina Bazterrica) 2018 GF#18 (2018)

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Paso UNO:

Observe las lágrimas que le caen sobre los dedos. Piense en diamantes. Visualice a Elizabeth Taylor. Desee tener ojos azules y maridos consecutivos. Error. Retroceda. Usted no necesita más hombres en la vida. Quiere estrellarse con el auto de Penélope Glamour. Busque una hoja de papel y un lápiz. Escriba la palabra "Lista" y enumere las cosas que debe comprar para morir con el estilo y la dignidad de un personaje animado.

LISTA:
1. Conjunto deportivo, pero elegante, diseñado para físico escultural.
Ignore el último detalle, el del físico escultural. Continúe, impávida.
2. Anteojos blancos con forma gótica.
Sorpréndase del uso de un léxico refinado, aún en estado crítico.
3. Sombrilla con moño.
4. Botas blancas a gogó.
5. Auto marca ACME con labios y ojos prominentes haciendo las veces de un capó.

No profundice en el hecho perturbador de querer morir en un auto con rostro humano.
Recuerde que en la cuenta del banco no tiene plata. Rompa la hoja de papel y tire el lápiz dentro de la pecera. Vea cómo su pez la mira con ojos deformes. Asuma que su pez es un engendro de la naturaleza y desconozca el motivo por el cual lo compró alguna vez. Intente analizar por qué le puso el nombre "Pepito" a un pez que la ignora de manera permanente. Medite sobre el motivo puntual de llamarlo con apodos cariñosos como "Pepino de colores". Admita que un pez no es un vegetal y que su pez tiene un único color: amarillo descolorido, amarillo repugnante. Observe el castillo de plástico violeta en el cual aterrizó el lápiz. Reflexione sobre cuál es el propósito fundamental de que un pez tenga, como aparente vivienda, un castillo al cual supera en tamaño. Descubra que no existe una respuesta para semejante interrogante.
(Sigue en la revista)
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PORFOLIO: JUSTINA SOULAS 2018 GF#18 (2018)

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Su voz de nena y su extrema dulzura impactan en el primer encuentro a los adultos, o al menos a quienes hayan dejado atrás las maravillas de la infancia. Ella tiene 26 años y es fotógrafa, pero parece permanecer en aquel estado de gracia que son los primeros años de vida. Se nota en sus fotos, porque no sólo retrata niños, mira como uno de ellos, juega a la par, disfruta. El resultado es una obra que retrata la niñez misma, con sus claros y sus oscuros, con su verdad y su magia. Hay pureza en sus fotos, una búsqueda constante de coherencia en las miles de tomas que Justina hace por semana, a su sobrina, a los niños de Bella Vista, donde vive; así como sutiles gestos que hablan de una mirada humana, libre y profunda, que se manifiesta en fotos que uno podría emparentar con las de Sally Mann.
El año pasado sus padres le dieron un ejemplo de amor: ella le donó a él un riñón. La operación salió muy bien aunque nada fue fácil, y el mensaje cosechó su siembra en la joven artista, que quedó tan conmocionada que organizó otra campaña de amor: #9donantes. Justina no cobraría sus sesiones de enero de 2018, pero a cambio de las fotos pediría la constancia de 9 donantes nuevos en el registro del INCUCAI. En cuanto subió su hermosa foto de una abuela abrazando a su nieta con el mensaje de la campaña, al menos 5 mil donantes se anotaron, y Justina hizo más de 31 sesiones por la causa en enero.
En Bella Vista la conoce todo el mundo, anda por las calles de tierra con sus pandillas de niños vestidos con la ropa que muchas veces ella misma manda a hacer para sus fotos, saltando charcos, agarrando sapos, jugando con flores. Mientras, los medios y las redes hablan de la joven fotógrafa que organizó una campaña para concientizar sobre la donación de órganos.

No se pierdan su cuenta de Instagram: @justisoulas

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PORFOLIO: Agata Królak 2018 GF#18 (2018)

PORFOLIO: Agata Królak

"Mi nombre es Agata Królak. Ilustro y diseño para niños de todas las edades". Así se presenta esta artista gráfica de Gdansk, una ciudad de Polonia. Y es cierto, al ver su obra uno entra en el chip de la infancia, donde todo está permitido porque aún no hay reglas; donde el color y las formas orgánicas mandan, en un microcosmos dinámico y alegre, pero que no por ello deja de ser algo oscuro y perverso, por momentos.
Publicó dos libros de recetas de familiares y amigos, que ilustró con collages con bastante humor. Su libro Robimisie / Workbears es de un osito muy suyo, que muestra varias profesiones para que los nenes logren la identificación de sus trabajos. Wytwórnik / Productor, es también una especie de cuaderno para niños, de esos que invitan al lector a participar de la obra, proponiéndoles amueblar las habitaciones de una casa, por ejemplo.
Królak también ilustra textos de otros autores y sus obras suelen aparecer en revistas. Y su perfil gráfico se complementa con otro musical: el de VJ bajo el seudónimo Hertschmerz. Así, Królak usa muchas de sus obras para proyectar en sesiones musicales de varios géneros.
Otra cosa que le encanta es crear carteles, dice que le gusta pensar que sus carteles son "como música de Ableton". Y aquí se pone un poco técnica, porque lo compara con un secuenciador de audio. Pero, básicamente, se refiere a que corta, entreteje, duplica y modula, como una remezcla visual. El resultado son carteles con su tipografía característica, a mano alzada, que dicen cosas como: "Soy un artista y esto no significa que vaya a trabajar gratis. Tengo cuentas que pagar, como vos. Gracias por entender".

agatakrolak.com
 
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