OPERA PRIMA DE JOAQUIN CAMBRE

OPERA PRIMA DE JOAQUIN CAMBRE

 Un viaje a la luna


“¿Por qué la gente dice que el sol se esconde? ¿Tan difícil es entender que somos nosotros los que nos movemos? Supongo que es más fácil pensar que la vida es un satélite y que nosotros somos el centro del universo. Nosotros giramos y la tierra gira y, a medida que gira, avanza el tiempo. Pero, ¿qué es el tiempo? Una hora, un día, un año. Al final, todo da igual. Pueden pasar diez años y yo siento que estoy en el mismo lugar. Si todo en el universo se quedara quieto: yo, el tiempo, los planetas y hasta el insecto más chiquito, el tiempo ¿pasaría igual? Al final, sólo somos un punto en el espacio. Sólo hay que saber flotar”,
dice la voz en off de Tomás, protagonista de Un viaje a la luna,
al comienzo y al final de la película.


En marzo de 2018 Joaquín Cambre estrena en Buenos Aires su primer largometraje: Un viaje a la luna. La película, que ya festivaleó en Londres (Raindance Film Fest), está protagonizada por Ángelo Mutti Spinetta (Tomás) y tiene un elenco más que interesante: Leticia Brédice (madre), Germán Palacios (padre), Luis Machín (psiquiatra), Ángela Torres (Iris).
La profundidad de la mirada del nieto de Spinetta emociona, lo mismo que su belleza y cierta expresión melancólica y perturbada, que lo convierten en una revelación. Por momentos, Cambre nos deja espiar qué miran esos ojos, incluso qué siente ese adolescente en aquel momento clave de su vida. Gracias a estas concesiones, los espectadores podemos disfrutar de un poco de fantasía, eso que ilumina cualquier historia. La fotografía es hermosa, lo mismo que la música, a cargo de dos amigos de Joaquín, Emilio Haro y Gabriel Barredo. Sin embargo, esta no es una feel good movie. Sucede algo que incomoda y deja entrever el lado oscuro de un tema que a Cambre le apasiona y que ha sabido desarrollar maravillosamente, a través de el protagonista de su ópera prima, sin ningún cliché.

¿Cómo surgió la idea de Un viaje a la luna?
En el 2014 me apareció la idea de un adolescente que quería viajar a la luna. Es bipolar, está medicado, está fascinado por la luna, por los astronautas, tiene que dar un examen para pasar de año, está presionado por la familia, se enamora platónicamente de una chica más grande, deja de tomar la medicación y empieza a delirar este viaje a la luna como algo serio, hasta construye una nave en su cuarto. Nadie entiende bien qué está haciendo. La película se va transformando: de un film indie de adolescentes a algo más demente, porque empezás a meterte en el mundo de él. Para mi es oscura, pero no está filmada oscuramente, y la gente que la vio se da cuenta de que no es tan fácil, porque este personaje, que lo amás enseguida, tiene un lado oscuro. Pero la película no termina con su lado oscuro, que es lo que pasa en Hollywood, lo oscuro se termina. Lo lindo es que hay un crecimiento, pero la locura sigue. La locura no puede ser frenada y es muy castigada. Es el tema que me más me interesa.

¿Es el tema de tu película?
Sí. La adolescencia es el paño.

¿Cómo te conectaste con esta cuestión?
Soy una persona muy estructurada, me gustaría ser más loco (ríe). Tengo un muy amigo internado en un hospital público. Es esquizofrénico. Gracias a él construí bastante el personaje, pero sin ninguna intención moral o de dar alguna explicación. Por otro lado, la adolescencia es una época siempre crítica, vertiginosa y creo que cambia los paradigmas de tu vida. Por mi parte, ahí decidí que quería ser director de cine.

¿Cómo fue el casting para conseguir al protagonista?
Espectacular. Fueron 4 meses y medio de casting buscando un pibe. Los actores de esa edad mutan, los entrevistás en enero y en septiembre ya son señores. Buscaba a alguien muy especial, que me enamorara. Encontré una gema. Después de tres meses y medio seleccioné cinco, y estuvimos un día entero de call-back trabajando con ellos. Y ese día me agregaron dos pibes más, eran los nietos de Spinetta. Me intrigó, obvio quise verlos. Al final llegaron con Nahuel, el papá. Primero hizo el casting Benicio, el más chico, y nos dejó helados. Actuó una escena sobre alguien que odiaba en el colegio. Queríamos verlo sacado. Porque la primera hora de la peli el pibe cuenta con la cara, pero después necesitábamos un sacado. Cuando le tocó el turno a Ángelo, fue todavía mejor. Me di vuelta y lloraban todas las personas que me acompañaban en el casting. Quisimos firmar ya, incluso él nos pidió filmar en enero porque estaba de vacaciones. Y fue así. Ángelo es espectacular. En la película está genial y pegó mucha onda con Ángela Torres, son muy amigos, terminaban de rodar y se iban juntos a una quinta que ella había alquilado para el verano. Estaban como enamorados. Les re sirvió a los dos. Cuando empezó la película él era un pibito, cuando terminó era un chabón: quería estudiar cine, teatro. Se definió como actor. Y fue muy retroactivo eso, porque después de la película empecé a querer mucho más a los actores, a partir de esta experiencia. Son muy sensibles y uno que está ahí para hacer la película, a veces perdés todo tipo de sensibilidad.

¿Qué te da el cine en tu vida?
La libertad de tener expectativas y de poder saber que el mundo es tuyo, que el mundo lo construye uno con sus herramientas. Una apertura.
 

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Paso UNO:

Observe las lágrimas que le caen sobre los dedos. Piense en diamantes. Visualice a Elizabeth Taylor. Desee tener ojos azules y maridos consecutivos. Error. Retroceda. Usted no necesita más hombres en la vida. Quiere estrellarse con el auto de Penélope Glamour. Busque una hoja de papel y un lápiz. Escriba la palabra "Lista" y enumere las cosas que debe comprar para morir con el estilo y la dignidad de un personaje animado.

LISTA:
1. Conjunto deportivo, pero elegante, diseñado para físico escultural.
Ignore el último detalle, el del físico escultural. Continúe, impávida.
2. Anteojos blancos con forma gótica.
Sorpréndase del uso de un léxico refinado, aún en estado crítico.
3. Sombrilla con moño.
4. Botas blancas a gogó.
5. Auto marca ACME con labios y ojos prominentes haciendo las veces de un capó.

No profundice en el hecho perturbador de querer morir en un auto con rostro humano.
Recuerde que en la cuenta del banco no tiene plata. Rompa la hoja de papel y tire el lápiz dentro de la pecera. Vea cómo su pez la mira con ojos deformes. Asuma que su pez es un engendro de la naturaleza y desconozca el motivo por el cual lo compró alguna vez. Intente analizar por qué le puso el nombre "Pepito" a un pez que la ignora de manera permanente. Medite sobre el motivo puntual de llamarlo con apodos cariñosos como "Pepino de colores". Admita que un pez no es un vegetal y que su pez tiene un único color: amarillo descolorido, amarillo repugnante. Observe el castillo de plástico violeta en el cual aterrizó el lápiz. Reflexione sobre cuál es el propósito fundamental de que un pez tenga, como aparente vivienda, un castillo al cual supera en tamaño. Descubra que no existe una respuesta para semejante interrogante.
(Sigue en la revista)
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Su voz de nena y su extrema dulzura impactan en el primer encuentro a los adultos, o al menos a quienes hayan dejado atrás las maravillas de la infancia. Ella tiene 26 años y es fotógrafa, pero parece permanecer en aquel estado de gracia que son los primeros años de vida. Se nota en sus fotos, porque no sólo retrata niños, mira como uno de ellos, juega a la par, disfruta. El resultado es una obra que retrata la niñez misma, con sus claros y sus oscuros, con su verdad y su magia. Hay pureza en sus fotos, una búsqueda constante de coherencia en las miles de tomas que Justina hace por semana, a su sobrina, a los niños de Bella Vista, donde vive; así como sutiles gestos que hablan de una mirada humana, libre y profunda, que se manifiesta en fotos que uno podría emparentar con las de Sally Mann.
El año pasado sus padres le dieron un ejemplo de amor: ella le donó a él un riñón. La operación salió muy bien aunque nada fue fácil, y el mensaje cosechó su siembra en la joven artista, que quedó tan conmocionada que organizó otra campaña de amor: #9donantes. Justina no cobraría sus sesiones de enero de 2018, pero a cambio de las fotos pediría la constancia de 9 donantes nuevos en el registro del INCUCAI. En cuanto subió su hermosa foto de una abuela abrazando a su nieta con el mensaje de la campaña, al menos 5 mil donantes se anotaron, y Justina hizo más de 31 sesiones por la causa en enero.
En Bella Vista la conoce todo el mundo, anda por las calles de tierra con sus pandillas de niños vestidos con la ropa que muchas veces ella misma manda a hacer para sus fotos, saltando charcos, agarrando sapos, jugando con flores. Mientras, los medios y las redes hablan de la joven fotógrafa que organizó una campaña para concientizar sobre la donación de órganos.

No se pierdan su cuenta de Instagram: @justisoulas

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PORFOLIO: Agata Królak 2018 GF#18 (2018)

PORFOLIO: Agata Królak

"Mi nombre es Agata Królak. Ilustro y diseño para niños de todas las edades". Así se presenta esta artista gráfica de Gdansk, una ciudad de Polonia. Y es cierto, al ver su obra uno entra en el chip de la infancia, donde todo está permitido porque aún no hay reglas; donde el color y las formas orgánicas mandan, en un microcosmos dinámico y alegre, pero que no por ello deja de ser algo oscuro y perverso, por momentos.
Publicó dos libros de recetas de familiares y amigos, que ilustró con collages con bastante humor. Su libro Robimisie / Workbears es de un osito muy suyo, que muestra varias profesiones para que los nenes logren la identificación de sus trabajos. Wytwórnik / Productor, es también una especie de cuaderno para niños, de esos que invitan al lector a participar de la obra, proponiéndoles amueblar las habitaciones de una casa, por ejemplo.
Królak también ilustra textos de otros autores y sus obras suelen aparecer en revistas. Y su perfil gráfico se complementa con otro musical: el de VJ bajo el seudónimo Hertschmerz. Así, Królak usa muchas de sus obras para proyectar en sesiones musicales de varios géneros.
Otra cosa que le encanta es crear carteles, dice que le gusta pensar que sus carteles son "como música de Ableton". Y aquí se pone un poco técnica, porque lo compara con un secuenciador de audio. Pero, básicamente, se refiere a que corta, entreteje, duplica y modula, como una remezcla visual. El resultado son carteles con su tipografía característica, a mano alzada, que dicen cosas como: "Soy un artista y esto no significa que vaya a trabajar gratis. Tengo cuentas que pagar, como vos. Gracias por entender".

agatakrolak.com
 
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